Claudio Arqueros, quien editó junto a Álvaro Iriarte el volumen “Chile y América Latina, crisis de las izquierdas del siglo XXI”, dice que los distintos ensayos que componen el texto dan cuenta “de las señales de agotamiento que es posible observar en los esquemas de representación y acción de la izquierda del bloque del Alba”.

“Chile y América Latina, crisis de las izquierdas del siglo XXI”, se titula el libro editado por Claudio Arqueros y Álvaro Iriarte y publicado por Res Pública y la Universidad del Desarrollo. El ejemplar, que se presentará el próximo 29 de agosto con los comentarios de Luis Larraín y José Joaquín Brunner, busca analizar a través de distintos autores -Santiago Basabe-Serrano, Nicolás Cachanosky, Miguel Ángel Fernández, Manuel Antonio Garretón, Eugenio Guzmán, Jeisson Heiller, Jorge Jaraquemada, Alfredo Keller, Roberto Laserna, Nicolás Molina, Gonzalo Müller, Miguel Ortiz y Luis Solari de la Fuente-, las señales de “agotamiento que es posible observar en los esquemas de representación y acción de las izquierdas de la región”, según se explica en el texto.

En conversación con “El Líbero” el director de formación de la Fundación Jaime Guzmán y editor de la publicación, que cuenta con 13 ensayos, Claudio Arqueros, explica que “nuestra principal intención es develar que la hegemonía de la izquierda bolivariana pareciese estar retrocediendo”. “De hecho -prosigue-, el período 2015-2016 pareciera comenzar a develar cambios en los cursos políticos de la región. Los procesos eleccionarios en Argentina, Venezuela, Uruguay, Perú y Chile, así como también la derrota de Evo Morales en el referendo realizado en Bolivia el año pasado para modificar la Constitución y permitirle una nueva reelección, junto con las señales de moderación del nuevo gobierno de Uruguay, y el juicio constitucional que terminó con la salida de la presidenta Dilma Rousseff y la condena contra el ex presidente Lula -quien en su momento fue un líder influyente en la región-  en Brasil, permiten pensar seriamente en la posibilidad de un reordenamiento del poder, donde las fuerzas populistas registran declives relevantes en el corto y mediano plazo.

– ¿Qué quieren mostrar los autores en la publicación?

– Los distintos artículos, trece en total, exploran -a partir de las realidades particulares de cada país-  las señales de agotamiento que es posible observar en los esquemas de representación y acción de la izquierda del bloque del Alba. Cada uno de los autores latinoamericanos convocados despliegan en sus respectivos textos su conocimiento sobre la región y sus particularidades.

– De acuerdo a lo planteado en el libro “Chile y América Latina, Crisis de las izquierdas del siglo XXI”, ¿Fracasó el modelo del socialismo del siglo XXI?

– Si consideramos que el chavismo tiene una historia de prácticamente dos décadas, y que en general América latina una de diez años bajo la supremacía política de gobiernos de izquierda populistas, nuestra hipótesis cobra sentido. Pues más allá de los particulares contextos que se vive en cada país, si nos detenemos a mirar lo que ocurre en los países gobernados por el llamado bloque del Alba, es dable afirmar que dichos gobiernos están pasando hoy por una crisis de gestión y aprobación; y por tanto, de poder, que a todas luces develan el fin de la hegemonía que ejercieron.

– ¿Significa que fracasó el populismo y los caudillos?

– A la luz de la historia pasada y presente, es muy optimista sancionar el fin de los caudillismos y populismos. Al menos, para bien de América latina, la izquierda populista del bloque del Alba está en crisis. Para pensar en derrotar el caudillismo y populismo, como sugiere el texto, es necesario fortalecer la democracia representativa, robustecer las instituciones de los distintos países, mejorar los índices de corrupción y transparencia, así como también el debilitamiento que provoca el crimen organizado,  entre otras razones.

– De acuerdo a lo que señala, y más allá del contexto de cada uno de los países latinoamericanos, ¿se puede decir que estos gobiernos están debilitados?

– Así es, pues si bien existen contextos particulares a ratos incomparables (el proceso que se vive en Colombia es distinto al argentino, y este a la crisis de Brasil, etc.) a todos ellos (Chávez, Correa, Cristina Fernández, Evo Morales, por ejemplo) les tocó azarosamente disfrutar políticamente el buen momento de los comodities, lo que significó que pudieran realizar reformas estructurales con amplitud fiscal. Sin embargo, aquella realidad dejaría de ser sostenible cuando dicha bonanza terminara, lo que predeciblemente se produjo, con las consecuencias económicas que todos conocemos.  De este modo, Argentina ha pasado a ser el primer país del mundo en pasar del desarrollo al subdesarrollo, Venezuela por su parte está sumida en una de las peores crisis que recordemos en nuestro continente, Morales ha caído fuertemente en su aprobación ciudadana (y perdió un plebiscito que le significaba volver a competir por la presidencia), y Correa decidió no volver a postularse por un nuevo período, dados los resultados de sus  inestabilidades fiscales empezarían a resentirse en la población.

– ¿Es Venezuela el símbolo del fin?

– La crisis chavista es demasiado evidente y su tragedia salpica a todos los gobiernos que adherían al “sueño bolivariano del siglo XXI”. Su  periódica exposición y agudización así lo demuestran; la escasez, la violencia, la política represiva desesperada que ejerce Maduro contra la oposición sólo son una señal de derrota. Maduro está aislado del mundo, y las izquierdas que aun lo justifican no poseen el poder de sostenerlo. Por lo mismo, a nivel internacional la situación que enfrenta el gobierno venezolano es tan compleja o peor a la interna, ya que los países que han sido tradicionalmente aliados enfrentan ahora sus propios problemas, como queda claro en nuestro libro.

– ¿Cómo se refleja?

– El mesianismo chavista dejó ver su esquizofrenia. Su discurso tercermundista y dictatorial, su política asistencialista, propia de un Estado omnipresente, junto con su agenda antiglobalización en los foros internacionales; la politización que cooptó al poder judicial, y la militarización transversal que controla el ejecutivo, la educación, los medios de comunicación y el poder judicial no resisten ningún estándar democrático. De hecho, todo ello ha devenido en una crisis social, política y económica que -dada su magnitud y constante profundización- tienen a sus vecinos y a gran parte de occidente muy preocupados de lo que ocurre ahí día a día.

– ¿Cómo cree que se pueda solucionar la crisis que se vive hoy en Venezuela?

– Esa es la pregunta más difícil de responder, porque incluso es más fácil augurar que dado el contexto político y social actual, es poco posible creer que en Venezuela pueda proyectarse una realidad como la cubana. El hambre, la perseverancia de la oposición, la preocupación y condena internacional contra Maduro, junto con la imposibilidad de Estados socialistas capaces de cargar con el déficit económico de dicho país, sólo pueden conducir al despeñadero a la dictadura venezolana. El punto es que, dada la socavación de las instituciones provocada por el chavismo y la ola represiva que crece día a día, ningún final es sinónimo de solución. Sólo se avizoran quiebres más o menos dolorosos y violentos, que tardarán años en lograr superarse. Esa es la real herencia de las izquierdas latinoamericanas.

– ¿Cómo ve la situación de Ecuador, donde hace pocos días Lenín Moreno retiró de sus funciones al vicepresidente? ¿Es además una forma de desvincularse de Correa?

– Efectivamente hay una señal del presidente Moreno de querer apartarse de la herencia de Correa, pero en el plano de una factualidad “manchada”. Aun así posee el mismo germen de su antecesor, cual es querer concentrar todo el poder, sin importarle debilitar las instituciones y la democracia en general (hiperpresidencialismo lo han llamado algunos académicos). Lamentablemente dicho camino no puede sino conducirlo a la misma crisis que los otros países que han seguido la misma experiencia.

– El libro también tiene un espacio dedicado a Chile ¿Qué se expone?

– En el contexto de nuestra hipótesis, la crisis de la izquierda chilena no es menos importante, porque si bien el 2013  el triunfo de la Nueva Mayoría no podía significar sino un giro hacia la izquierda de una sociedad que no quería más vivir bajo el modelo o la institucionalidad actual, avanzado los meses, las mismas reformas que habrían dado el triunfo a la presidenta Bachelet comenzaron a ser rechazadas ampliamente por la opinión pública. El libro ofrece dos perspectivas al respecto: una que señala que el diagnóstico de Bachelet y sus asesores parece haber sido equivocado, y otro que se atreve a acusar de falta de decisión para dar un vuelco al modelo actual a partir de un verdadero nuevo pacto entre Estado y ciudadanía.

El Líbero, 06 de Agosto de 2017