El memorial Jaime Guzman es la expresión más elocuente y simbólica de la inmortalidad de su obra.

El memorial representa el compromiso de hacer que su impronta llegue a cuantos no le conocieron. Tal como lo hubiere querido, no es un monumento para él, sino el recuerdo imperecedero de uno de sus sueños e ideales más anhelados; la unidad de Chile y de todos los chilenos, de cara al futuro y con la mirada puesta en Dios.

Tal como explica la memoria que acompañó el proyecto ganador de María Angelica Echavarri y Nicolás Pithay:

..” no es recrear su figura ni su persona como quien pretendiera sacar un jirón del pasado y congelarlo para que aparezca inerte en el presente y perdure en el tiempo. , sino lograr despertar mediante un monumento aquello que en nuestro tiempo adolecemos: la excelencia en la mediocridad, la firmeza, la rectitud, la transparencia, el vigor para afrontar los problemas y la entereza para buscar soluciones. El memorial deber ser un faro…

El proyecto aparece como una franja de mármol blanco, impecablemente pulido, rodeando el espejo de aguas del que se alza la escultura de bronce envejecido. Jaime guzmán, figura protagónica aunque no central, participa de un abrazo fraterno y de un camino incansable. Sus brazos dispuestos tras los hombros de muchas figuras anónimas van a su lado, impulsan al grupo hacia la evolución y el progreso…”